Por Néstor Estévez

En un país con tanta incidencia de “pelótica y política”, el trabajo en equipo debería contar con más oportunidades para entrenar. Y aunque mucha gente no caiga en la cuenta, República Dominicana acaba de mostrar que cuenta con enorme potencial para eso.

En tiempos donde casi todo empuja a competir, gritar o encerrarse en uno mismo, ver a más de 2,000 estudiantes reunidos para cantar, bailar, actuar, pintar y crear no es simple “cosa de muchachos”. La Muestra Nacional de Artes 2026 del Minerd, realizada en el Teatro Nacional Eduardo Brito, debe leerse como algo más que una actividad escolar: es una señal de esperanza para el país.

Según el Minerd, bajo el lema “Travesía del arte: origen y viaje de nuestra identidad”, esta versión reunió a estudiantes de las 18 regionales educativas durante cuatro días. Allí hubo música, danza, teatro, artes visuales y expresiones multimedia. Pero, sobre todo, hubo encuentro y muestra de trabajo en equipo. Jóvenes de distintos territorios compartieron escenario, disciplina, emoción y orgullo. Y eso le da sentido de trascendencia a la educación.

Muchas veces se piensa –y eso demuestra una mirada limitada- que el arte es un adorno. Se piensa que es algo bonito, pero secundario. Ante ello, lo presentado en el Teatro Nacional es una muestra de participación artística que ayuda a crear confianza, sentido de pertenencia y apoyo entre las personas.

La explicación es sencilla: cuando un joven ensaya con otros, canta en un coro, participa en una obra o prepara una exposición, aprende algo más que una técnica. Así es como se aprende a escuchar, esperar, colaborar y respetar.

Virtud del trabajo en equipo

Eso se llama cohesión social. En palabras sencillas, eso sirve como muestra de la fuerza que mantiene unida a una comunidad. Una sociedad con cohesión cuenta con una característica clave: en ella, las diferencias no rompen los vínculos. Es que el arte ayuda a construir ese puente porque permite expresar emociones, contar historias y reconocer al otro sin necesidad de imponerle una opinión.

La UNESCO ha insistido en que la educación artística debe ocupar un lugar más importante en las políticas educativas. Su marco global sobre cultura y educación artística plantea que estas áreas ayudan a desarrollar inteligencia emocional, creatividad, pensamiento crítico, bienestar y respeto por la diversidad. También pide valorar las culturas locales y fortalecer la relación entre escuelas e instituciones culturales.

Ese planteamiento tiene mucho sentido para República Dominicana. Somos un país rico en música, baile, oralidad, color, memoria y tradición. Pero también somos una sociedad expuesta a fuertes tensiones: desigualdad, violencia verbal, fanatismo político, presión de las redes sociales, consumo rápido de información y una creciente tendencia a mirar al otro como enemigo. Frente a eso, el arte puede enseñar una forma distinta de convivir.

Un potencial clave

La Modalidad en Artes del Minerd puede ser una herramienta poderosa para formar mejores ciudadanos. No solo artistas profesionales, aunque algunos lo serán. También puede formar jóvenes más seguros, sensibles y capaces de trabajar con otros. En un escenario, nadie brilla solo. Detrás de cada presentación hay docentes, familias, compañeros, disciplina y comunidad. Esa experiencia deja huellas que ninguna prueba escrita puede medir por completo.

Por eso, este esfuerzo debe cuidarse, sostenerse y ampliarse. No debe depender solo del entusiasmo de un año ni de una gestión. Necesita presupuesto, buenos maestros, espacios dignos, alianzas con centros culturales, seguimiento a los estudiantes y presencia en todos los territorios.

Como recuerda la UNESCO, no basta con declarar la importancia del arte: hay que convertirla en política pública real. Y todavía más: hay que articular esas políticas con loables esfuerzos del sector privado en ese ámbito. Ahí también hay oportunidad para operar en equipo.

En una época que premia el individualismo, la educación artística enseña algo urgente: somos mejores cuando creamos juntos. La Muestra Nacional de Artes 2026 nos recuerda que la escuela no solo debe preparar para trabajar, sino también para vivir, sentir, pensar y convivir. Apostar por el arte en la educación dominicana es aportar para una sociedad menos rota, más humana y más capaz de reconocerse y mejorar desde su propia identidad.