Natanael Gutiérrez 

Cuando apenas tenía diez años, en mi barrio Villa Estela, por allá por los años 90, soñaba con convertirme en jugador profesional de béisbol. Me decía a mí mismo: “A los 25 años seré rico.”

Recuerdo que tracé mi plan. Me fui al mercado público a vender fundas plásticas para conseguir recursos y, de paso, aportar a mi familia.

A los doce años, por compromisos tempranos, decidimos como familia luchar por un bien común: formar lo que hoy es el Grupo Shadday.

Hago esta introducción porque quienes no me conocen podrían pensar que mi interés por ver progresar nuestra región es un discurso individual. Y nunca ha sido así.

Cuando salí de Barahona a principios de los años 2000, me propuse una nueva meta: ser un profesional capaz de competir en cualquier país desarrollado. Lograr mis sueños en un lugar que me ofreciera condiciones reales para crecer.

Pero siempre resonaba en mi mente la voz de mi padre diciendo:
“Dios bendecirá a Barahona.”

Y entonces me preguntaba: ¿por qué no podemos ser nosotros parte de que eso se haga realidad?

Hoy, después de años de preparación académica y experiencia profesional, decidimos pausar el ejercicio pleno de nuestra profesión para dedicarnos a promover el desarrollo de la región Enriquillo. Porque entendimos algo fundamental:
el desarrollo no es individual, es colectivo.

No entré a la política por un cargo.
No entré por una posición.

Entré porque se hace urgente que nuestros pueblos comprendan que las dádivas, la sumisión y la falta de planificación de parte del liderazgo político, empresarial y social deben ser cuestionadas.

Si no nos planificamos, seguiremos siendo los mismos pobres de siempre.
Y lo más grave: seguiremos expulsando a nuestros jóvenes talentos.

La migración del talento no es casualidad.
Es consecuencia de la falta de visión.

Y sí, a veces uno se pregunta si valió la pena volver.
Muchos dicen: “Te ha ido bien.”

Pero yo les respondo:
Bien nos irá cuando podamos vivir en una provincia digna, menos desigual y más justa para todos.

Por eso entré a la política.
No por ambición.
Sino porque se nos hace URGENTE vivir en una mejor región, una mejor provincia y una mejor ciudad.